lunes, 21 de noviembre de 2011

Quizá Los Pájaros


La noche que fusilen poetas y cantores,
por haber traicionado, por haber corrompido,
La música y el polen, los pájaros y el fuego,
quizás a mí me salven estos versos que digo
.
"Digo La Mazamorra"
Antonio Esteban Agüero




Dicen que anda la luna
Buscando donde ocultarse
De seres desangelados,
De voces desesperadas

Dicen que anda rondando
Los arrabales del alma
De poetas y de malandras
De putas y de cuenteros

Y que al alba en un rincón
De los suburbios del sueño
Llorando penas antiguas
Desolada la encontraron

Hasta dicen que la vieron
Hurgando en los basurales
Como quien perdió la calma
Misteriosa y apenada

Dicen que anda la luna
Rondando por las veredas
De los barrios de la pena
Furtiva y desamparada

Dicen que anda buscando
Su antiguo brillo perdido
Su luz de afanes tardíos
Su sonrisa enamorada



Si tus manos se posaran sobre la soledad de los humildes
Harían venturoso su andar desventurado
Si tus manos se posaran sobre los corazones temerosos
Harían de ellos guerreros implacables
Si tus manos se posaran sobre la boca de los necios
Silenciarían la incoherencia servil de sus palabras
Si tus labios se posaran sobre la frente de los desheredados
Heredarían la luz que ilumina el alma
Si tus labios se posaran sobre las ajadas manos de los mineros
Acariciarían la roca y a la mujer amada
Si tus labios se posaran sobre mis ojos muertos
Y tus manos los abrieran…
        Ay!
 Habitaría mansamente  el cielo de los desamparados







Casi siempre están saltando del papel
¿Quiénes?
¡Las palabras!
Se escurren por el margen
Furtivas, ansiosas, desordenadas
Se acurrucan en los rincones
Murmuran entre ellas
Confabulan irónicas,
Amenazan con dejarme solo
Pacientemente las ordeno
Voluntariosamente las alojo en versos
Las armonizo en metáforas
Las recreo en una rutilante sinestesia
Las dispongo en un ostentoso oxímoron
Las encabalgo
Las acaricio
Las ubico sin culpa, sin olvido


Por un tiempo se quedan tranquilas
Como conformes con su nueva morada
Incluso se pavonean orgullosas
Se sostienen altaneras
Pero de un momento a otro
Parecen atediadas y vuelven a la carga
Probé encerrarlas en binarios archivos
Para poder dormir tranquilo
Las sometí a contraseñas criptográficamente perfectas
Las mudé a lejanos servidores
Las protegí contra virus
Las seduje con códigos alfanuméricos
Pero no importa lo que haga
Ellas periódicamente se dan a la fuga
Desaforadas como bestias enjauladas
Y yo no puedo andar dejando palabras sueltas
Desperdigadas por la casa
No quiero levantarme de la cama y tropezar con adjetivos
Pisar sin querer un sustantivo
Guardar al descuido un adverbio en el ropero
Hervir un pronombre en el puchero
No podría vivir así
Con temor de quedarme sin palabras
Una vez tomé coraje y les hablé
Les rogué que se quedaran quietas
Que me dieran una tregua
Ellas se rieron y me trataron de cobarde
¡Pusilánime!  Gritaron
Entonces decidí asumir la tarea de arroparlas
De cuidarlas
De alentarlas a la fuga
Y hospedarlas en mis versos

Esto que aquí digo
No lo digo con vergüenza
Ni temor a mi locura
Lo digo con orgullo
Lo digo con coraje
Las palabras me acorralan
Y es por eso que yo escribo


Un tornado asoló tu huerta
Ya no dibujan el día
tus cerezas,
tus lechugas,
tus tomates...
El aroma del romero y el tomillo
se ha perdido
se ha extraviado en lontananza
Se te olvida
el sabor de tus duraznos,
el sabor de tus limones,
se te olvida
Un tornado sacudió tu casa
Ya no enmarcan el alba
tus paredes,
tus puertas,
tus ventanas...
El aroma de tus sábanas y almohadas
se ha perdido
se ha extraviado en la distancia
Se te olvidan
los colores de tu estancia,
los colores de tu vida
se te olvidan
Habrás de poner nuevamente
todo en su lugar
pacientemente
fervientemente
prolijamente
amorosamente
Allí la cama
Aquí la albahaca
Allá las sillas
Acá el ciruelo
Así de una en una
reconstuirás tus fronteras
y replantarás tus hortalizas
Así de una en una
asomaran tus ilusiones
y brotarán tus sembradíos
Un tornado estremeció tu corazón
pero de eso hace ya tiempo
y aún sigue latiendo enamorado
Aún sigue buscando en su torrente
el beso de un adios inesperado





Menudo trabajo diario
levantarme antes que el sol
para del cielo colgarlo
Subir por tus escaleras
a corretear con las nubes
vestir de madera el bosque
y tus fronteras de flores
Cocinar tu desayuno
de ángeles y luceros
soplar el viento en tu rostro
hasta quedar sin aliento
derramar sobre el silencio
murmullos de un son impuro
canturrear en tus oidos
cantares desmemoriados
cantares de espuma y alas
cantares desatinados
cantares de quiero y debo
cantares de puedo y temo
cantares de un mundo justo
que nosotros inventamos
Menudo trabajo diario
sentirme dios por un rato
y llenar los formularios
para que tu voz tenue y cansada
no deba mentir amores
que tu voz ame serena
los diafanos despertares
el cielo, el sol, la luna,
el mar y sus tempestades
Menudo trabajo nuestro
sotener este amor amado
cuando no queda mas tiempo
cuando la muerte se acerca
sin apuro pero certera
Amar con toda la fuerza
sera quizá lo que queda
 
                                                              a Norma



La mañana cruzó con paso firme
El sendero envuelto de pájaros y sol
Su saludo fue sonrisa aniñada
Un azorado silencio le indicaba el compás
Blanco y disperso, tenaz…
En mi pena un murmullo tardío
En su cuerpo banderas de nostalgia
Costumbre de su forma
Contrayéndose en el lecho
Asomando impaciente a la llamada
Su boca decidida aleja el miedo
Y su salvaje besar curva la agonía
Matinal presencia de su gesto leve
No obstante su certero artificio
Los pájaros y el sol anudan y ocultan mi pregunta





sus ojos, los de él,
brillaron ansiosos en la noche
sus labios, los de ella
susurraron eróticos abracadabras
sus manos nerviosas, las de él
hurgaron la firmeza de sus muslos,los de ella
las rosas legaron su rosada angustia
los pajaritos trinaron sus lúcidos trinos
la luna alunada sonrió con dulzura inesperada
sus gemidos, los de él
se iluminaron con alas de luciernagas
sus gemidos, los de ella
conjeturaron una lluvia de voces ancestrales
soledad aciaga
soledad negra
soledad sola
los duendes no saben de tus penas
soledad blanca
inconfesable soledad
si decides marcharte
ellos no haran nada para detenerte




el sopor abruma
en la siesta de los árboles
en tus manos que condonan mis pecados
en el viento que quiebra los secretos
en el adios de los gorriones
en las inmoviles fotos del pasado

el sueño desluce
en las briznas del campo
en tus ojos que vigilan mi futuro
en la lluvia que ahoga telarañas
en el afán de las hormigas
en el perfume de los lirios

el canto se encarna
en el manto de la tierra
en tus palabras que advierten y sentencian
en las nubes que dibujan cielos mudos
en la precariedad del dia
en la narcotica penumbra




Sentí miedo
Y regrese a la demencia
Temía no estar, no ser más que un fragmento de atmósfera
Una daga, una cabeza con dolores y angustias
Y mi corazón sin rejas y al viento
Mi corazón volcado como una medianoche
Mi corazón de efímeros tiempos y bordes de milagros
Será siempre el mismo espejo…
Donde se agiten las palabras en las que ya no creo
Y se pierdan las otras…
Aquellas en las que nunca he creído
Un espejo de virtudes malsanas
Para salvaguardarme de pasos acechantes
De desacertadas doctrinas
Y si aún siento miedo
Mi corazón se lanzará a los abismos de la vida
Anudándose en los espejos del todo-nada
Mi pobre corazón dolido…
Caerá en precipicios
Hasta despojarme de lo que no sea imagen de mi sangre
Se hundirá en las palabras en las que todavía puedo creer
Embestirá el frio de la espada
Y desconsolado y roto
Se reflejara en los espejos de la muerte
Y ya entonces…
No tendré porque temer




Quizá Los Pájaros...

La noche abre sus puertas a las sombras,
que circulan como témpanos simiescos.
La sombra escruta mi cansado corazón,
Mi corazón de nubes amalgamadas,
de incienso y vértigo,
de abismo y lujuria.
La noche inunda mi cabeza
con sus embriagantes aromas,
que recuerdan delicias olvidadas.
La noche avanza marginada
y confunde los sueños embebidos en alcohol.
El alcohol penetra en mis heridas
y fluye en mis entrañas,
y es allí donde el dolor se inflama
y evoca barcas que naufragaron inútilmente
Mi corazón tan ahogado en sangre
se apiadó de los silencios
que alimentan mi pasión
Es entonces cuando las sonrisas se mezclan
con las lágrimas que ruedan mejillas abajo,
lágrimas que brotan heridas arriba.
Es el alba quien ahora abre sus puertas
a los sonidos del alma...
Y en algún lugar de mi cuerpo
se esconde el enfermizo grito de la carne,
de los zurcos de la tierra,
de las semillas del olvido.
Es en ese rincón donde quizá los pájaros
calmen su sed de angustias.

Sí,
Quizá los pájaros...


Trapecista del Silencio





A una mañana desnuda y solidaria
A una mañana que da espaldas a la melancolía,
como el alma del que la evoca,
le dejo en heredad todo el desconsuelo
y toda la inocencia de aquellos días
Le heredo, además,
la angustia en una mirada,
espejo de sinsabores,
transparencia inequivoca.
A esa mañana tan dolida en mi memoria
le sugiero palabras
le adjudico formas



Me alimentaba de ecos,
de historias, de leyendas...
Me regocijaba contemplando
a mis amores acierta distancia,
prudencialmente medida.
Me envolvía en tantos cielos,
tantas esperas, tantos silencios...
Que me ausentaba de mi alucinada prosa,
de mis sedientos versos.




Mi sentir es el vacío que rodea el olvido y la existencia.
Existencia que se abre hacia el mañana con el impulso resultante
de una acción que repele toda la fuerza ineficaz de las palabras.
Es el verbo que gira enfurecido en mis entrañas y se convierte
en tiempo, un tiempo imposible que esta
del otro lado del tiempo.
Ese tiempo ineludible que agita mis células
y esteriliza mis pensamientos.
Es un estigma que me abrasa como el fuego y
me humedece como el agua a la yerma tierra...
y se lleva hacia el pasado mis intenciones
con la brisa insospechada que retorna del futuro.





Voces venales
vergonzosas
vacías volátiles
verdes voces
Voces virtuosas
virginales
volcánicas veraces
volubles voces
Voces violentas
vociferantes
valerosas viriles
vehementes voces
Voces vulgares
visibles versátiles
venturosas
vanidosas voces

Voces, Voces, voces
venidas al viento
Voces, voces, voces
Vertiginosos vocablos
Vaivén voraz de voces

Voces viscosas
voluntariosas
veniales viciosas
vacilantes voces
Voces vibrantes
verborrágicas
vulnerables vitales
viníferas voces
Voces viperinas
voltaicas
volcadas viscerales
vespertinas voces
Voces volfrámicas
verraqueras
versadas vetustas
verticales voces

Voces, voces, voces
veteranas vivencias
Voces, voces, voces
Ventanas de lo venidero
Vacuas visones vacantes





El Pintor y La Modelo

A Oliverio...

El pintor remontó vuelo
Trasnochando sus certezas
Se olvidó de los colores
La modelo abrió sus brazos
abandonó su acidia y su postura petrea

Se absorvieron
Se transitaron
Se entrelazaron
Se murmuraron
Se jadearon
Se sintieron
Se extasiaron
Se besaron
Se supieron
Se sufrieron
y al final
Se sonrieron
Se miraron...

Ella volvió a sus poses
con una mueca de amor
Él, acomodó sus ropas,
Bebió un trago ligero
Y retomó los pinceles
con un gesto de dolor


Cautiverio

La calma ruge en los helados pasillos
Entonces me acorralo con palabras
Que no me llevan a ningún lugar fuera de mi
Solo mis sombras, herencias atávicas
Lograrán hostigar a mi presa predilecta

Lúcidas e inexorables sacuden mis pretenciosos acertijos
Cuando asomo al dia con evocaciones infranqueables
Me atropellan con historias, trastabillo y pierdo el equilibrio
Cayendo en sus lúdicas acechanzas, que no me son ajenas
Son mis propias heridas ingénitas

Me descubro cazador cazado, silenciador silenciado
Declarandome asi, zona de litigio
Dispongo mis reservas de esperanza
Para anteponerlas a la pena
Vieja cadencia con variaciones,
Pero siempre la misma pena impostergable

Me defiendo como puedo pero igual quedo al descubierto
Blanco fácil de mis dardos certeros
Una vaga sonrisa y vuelvo a cubrirme con mis ropas
Que de tanto ir y venir se van sintiendo sabidas
La última visión se transforma
En el punto de partida de la próxima batalla

Y a fuerza de entregarme sin reparos,
De asediarme en callejones,
Me sé ciudad desierta...
Pesadumbre polimorfa que desata el paroxismo

Ante tanto sincronismo me repueblo
Con los mismos habitantes,
De los cuales los más necios
Pierden su rumbo, olvidan sus razones
Y no aciertan el camino de regreso

Afuera todo sucede
Sin que pueda tomar parte
Ni mudar algún ínfimo episodio
Entonces me repliego y digo basta
A esta domesticada prolongación de mi desvelo

El azul flota en los desiertos pasillos
La lluvia danza en los cristales
Mientras mi alma trata de no encontrarse
Con hierros...
Con grises...
Y vuela desenfrenada, desposeida

Ni Muerto ni dormido
Solo atascado...
Atascado como el resto
En esta absurda espera
Que habla de amores
Y no admite plegarias


Nocturnos


I

El Sueño cae como una estrella
Los vértices de la noche estan lejanos y sobrios
Obscuro plano
Una calle repleta de niños tristes
Con mezclas de sombras y basura amontonada
El trayecto de ida con estandartes en los ojos
El de vuelta con las manos vacias
Y una mueca desolada
Con la fiebre latiendo en mis venas
Para que ignore al tiempo
Ciudad que así descubro
Obra de modos infinitos
De errores y perdidas de conciencia
Grandiosidad elocuente, enfermiza
Pensamiento ahogado, caprichoso
Tu cabeza rueda por los ángulos de mi dicha
Tu silencio es sólido, penetrante
Tu silencio tiene el perfume de las mujeres en luto

II

Sobre tus parpados se ciernen las claves
Del lejano despertar de los sonidos
En la clandestina imagen de tus manos
Se acinan recuerdos y clamores
En la vigencia de tu vientre se dan cita
los matices que exhala tu sonrisa
Cuando las luces calman su danza
se sublevan en mi pecho heridas licenciosas
Y amanecen tantos méritos en tu cuerpo estrecho
Que mi postergada fábula
Acepta las fórmulas que le propones

III

Las sombras surgen diametrales
Bajo los encantos del bullicio
Una brumosidad tenue
Cubre los ensortijados edificios

Tus aguados ángulos febriles
Superan toda razón
Un cielo despojado
Anuncia el eterno juego de las tristezas
Un cielo desfazado
Abriga a la esperanza

Desenfrenados sortilegios acuden
Y rescatan despojos sapienciales
Lo infinito toma cuerpo en tus entrañas
Tus brazos sujetan y demoran el enigma
Tus brazos envuelven lo inmarcesible

Entre tanto con tu magia poderosa
Decretas la nocturnal insolencia
De nuestras subvertidas voces



El Que Se Marcha


Para que pueda ser, he de ser otro,
Para salir de mi, buscarme entre los otros,
Los otros que no son si yo no existo,
Los otros que me dan plena existenci
a
Octavio Paz





Pájaros ávidos de cielo
volarán sobre la luz
hasta retener en sus alas
toda la brisa...
    todo el silencio...




Las voces estivales hablan de amor
Las manos en los bolsillos, la cabeza gacha,
de resignación fatal...
Los labios salpicados por la roja sangre del dolor
no hacen mas que abrirse ante la tragedia.
Hay en tu vientre un espacio, un vacio
que es el que he dejado al nacer
Dejame volver a el e intentemos otra muerte
pero esta vez con mayor experiencia




El alba tiene
agudas voces olvidadas,
lejanas luces,
certeras penas,
una sonrisa apuñalada
y la demencia
deambulando entre las calles



Mi voz agónica de otoños y pesares,

Mi voz volcada sobre espejos
Que devuelven los ecos del pasado.
Mi voz alzandose sobre el horizonte
Cayendo en abismos,
hundiendose en cienagas.
Mi voz desnuda y resquebrajada
Sola en la noche,
Como un grito,
pronunciando tu nombre






Vuelta al cielo tu cabeza,
Deshojando las mañanas
Te Descubres en la luz
Destrozado por mareas.
Desandando tu camino
Vas dejando el día atrás
La Sonrisa se te oculta
En los muros del pasado.
Ahora entiendes bien
Como has llegado hasta aquí.

Desde adversas madrugadas
Rojos cielos que te inflaman
Entre tanto la ternura
Se hace sitio en tu regazo.
Ardientes luces del amor
Derribando tu egoísmo,
Azotando tus pasiones
Colmándote ...





La luz de los ángeles ilumina tu rostro anochecido
Nostálgicas palabras reaniman y desnudan tu esqueleto
Entonces deambulas en los laberintos del silencio
Buscando tus manos para ocultar lágrimas que se han ido

Como una sombra insondable, tu sed de cara al viento

Como una ventana, tu corazón abierto al día
Y nuevamente tropiezas en las calles del dolor
Ya no existen palabras para tu voz desesperada

Cuantos siglos vagando perforado por recuerdos

Cuantas noches soñando con espectros
Descubres el sol y tus ojos hastiados de miserias
Buscan el cielo, el invencible e incognocible cielo





Para qué tanta mentira
Tanta codicia, para qué
Tantas esperanzas,
Tanto silencio,
Tanto pavor mortecino
Para qué tantos sueños húmedos y antiguos
Un millar de cadencias y un tiempo inexorable
Y además, el miedo
asechando en el rincón que elegimos para vivir
Para qué tantos misterios,
Tantas promesas olvidadas
Tanto olvido, para qué
Si la soledad es una curva en mi alma,
Un sitio fuera de este sitio





Ahí estas, salvaje como en el pasado
Reptando hasta alcanzar la rugosa piel
Nadie imita nuestro silencio mientras
Arde la sangre en la expectante penumbra

La luz duerme en el aire como si fuera un temblor

Entre la acongojada humanidad de tu desvelo

La rosa busca en la noche vacía

Anunciando la mañana
Que envuelve la angustiada piedra,
Anunciando ese sol que cruzará el desierto
Hacia donde se unen nuestras manos,
Hacia donde resurge el cantar de los pájaros




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